
“Tenía yo, mi querido Gus, la débil esperanza de ser libertado a tiempo para ver por última vez a mis amigos. Las esperanzas han muerto ahora, pues en poco tiempo mis ojos, cansados, serán insensibles a la luz. Entonces, quizá, se me abrirán estas puertas para enfrentarme a la obscuridad... Entonces no seré un "peligro" como el Sr. Daugherty ha preferido llamarme. Entonces estaré incapacitado para escribir. Porque no siendo un arrojador de bombas, un experto en el manejo de armas mortales, sino sólo un escritor, no puedo dejar de pensar que es mi pluma -la única arma que he esgrimido- la que me hace peligroso ante los ojos del Sr. Daugherty. ¿Pero es realmente peligrosa mi pluma? ¿Y a quién? ¡Difícilmente puedo creer que vivo en el siglo XX, cuando los Derechos del Hombre tienen de vida casi ciento cincuenta años! ¡Llama peligrosa a mi pluma...! Una pluma puede ser peligrosa ante los ojos de la "Santa Inquisición", pero nunca hoy, ante el juicio de la Razón. En nuestros días una pluma puede defender los crímenes más antisociales sin perjudicar a nadie, sino a ella misma. Una pluma puede dedicarse a predicar el asesinato, el incendiarismo y la destrucción, sin realizar otra cosa que su propia destrucción.”