
Tras la muerte del inquilino de un piso heredado de su tía, la vida de Menkell dará un vuelco y se verá en la necesidad y la obligación de volver a la vida, al amor y como no, a escribir una nueva historia, caminando de la mano de la mujer de la que lleva tantos años, secretamente enamorado.
Hay una serie de párrafos que nos llevan al mundo de las plumas estilográficas, de los cuales seleccionamos estos:
“Había un prisma de cristal, una pluma estilográfica, unas gafas…”
“…escritos con una caligrafía primorosa que hacía pensar en el concurso de un maestro pendolista…”
“Ha echado de menos una estilográfica de su propiedad en…
¿Una estilográfica?
Si, una Parker de color azul… no muy nueva…
Sssí… pero fue hace siglos… recuerdo esa pluma porque las colecciono. Era una mierda, con perdón. Me la habían comprado mis hijos en una tienda de segunda mano. Los críos, ya se sabe…
Olvídese de mí y de la pluma…
…De todas formas, se estropeo la primera vez que le puse un cartucho de tinta”